Hola.
He escrito algún nuevo post.
Seguiré escribiendo nuevos.
Pero será aquí.
deunladoaotroblog.wordpress.com
Gracias.
de un lado para otro, en una maleta con pedales sobre la que en ocasiones me puedo subir
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miércoles, 3 de febrero de 2016
viernes, 12 de junio de 2015
Jueves
y viernes 11 y 12.06.15 Bratislava. Llega un momento en que el camino
que me conduce a la ciudad se va integrando en esta como si fuera un
gran parque, en una sencilla transición que solo percibes por que te
vas encontrando más gente que ha salido de la ciudad a pasear en sus
bicis, a hacer deporte corriendo, a patinar y así sin sentirlo
entras en el área metropolitana con sus zonas de recreo junto al río.
La
parte que rodea a la ciudad por la que entro no muestra uno de esos
suburbios feos y sucios y el centro histórico donde he encontrado un
hostel no me parece el de una gran ciudad ni una capital de país.
Tengo la sensación de estar en una ciudad pequeña o pueblo grande.
Logré,
al fin, mi propósito de tener mis cosas protegidas de la lluvia.
Feliz. Y a mejor precio que si me espero para adquirirlas por
Austria, Alemania o Suiza, sin duda. En Budapest me robaron, en el
hostel infame sucio, apestoso y ruidoso del barrio judío, mi
linterna de la bici. Cuando Paco, me preparó la bici me puso las
mejores ruedas que tenia, el mejor sillín, me puso la canasta
delante, me dio un par de cámaras, una infladora, no se que cosas
más y una linterna para la bici. Con la pérdida de la misma no es
que no tenga el objeto, que no lo tengo, es que me han quitado algo
que no compré y no tenia el valor de los pocos euros que costó, me
han quitado el regalo de una persona de gran generosidad y sobre la
que tengo una deuda eterna de gratitud. He repuesto la luz, no por
que necesite iluminarme con ella cuando me detengo por las noches,
que no la uso, ni por que circule por la noche con la bici. Es
simplemente que necesito que se me vea cuando he de cruzar un túnel.
Según
las previsiones meteorológicas que he consultado, los próximos días
me encontrare con lluvias en Austria, precios a partir de ahora que
podría definir como incómodos siendo generoso y optimista y a pesar
de lo poco que he rodado desde que salí de Budapest, diversas
circunstancias de índole personal me hacen sentirme muy cansado,
fatigado, emociones que producen cierto desgaste emocional. Decido
quedarme en Bratislava dos días en el maravilloso hostel de Igor.
Lavar ropa, darme duchas, dormir sin preocupación, hacer compras de
provisiones y alguna pequeña cosa que preciso, etc.
Tiene
Igor un hostel donde me he sentido como un invitado en su casa, con
montones de atenciones que sobrepasan lo que se puede esperar de un
establecimiento. Hablamos de la posibilidad de usar este lugar como
cuartel de invierno ya que se podría ajustar a mi economía, teniendo
la comodidad de moverme con euros y dentro del espacio de la Unión
Europea con lo que eso me supone de ventaja si pretendo mi siempre
aplazada revisión oftalmológica.
En
el hostel me he encontrado con un grupo de cinco amigos que viajan en
bici dirección a Budapest. Si ya con Igor he sentido la comodidad de
poder comunicarme en mi idioma, el tener a cinco paisanos más con
los que conversar supone toda una festiva novedad. Encantadores. Cervecita en la
terraza del hostel al caer la tarde y poder cebarme al disponer de
cocina a placer.
![]() |
| Susana y su gente, un abrazo. |
La
noche no será lo plácida que esperaba. Hace calor, me picaron
algunos mosquitos y por la ventana que da a la calle he tenido que
padecer las voces de un grupo de jóvenes que decidió pasar la noche
justo debajo y hacer el ruido sin el cual parece que no somos capaces
de pasarlo bien. Por otro lado comparto dormitorio con, entre otros,
un japones ya con cierta edad que anda con el horario cambiado, durmió toda la mañana y parte de la tarde para poder salir de noche.
Regresa de madrugada y yo tengo el sueño ligero. Resultado, he
dormido poco y a ratos. Igor tiene solución para la segunda noche.
Gracias Igor.
Me
gusta lo que veo en las estanterías de los supermercados que recorro,
y pruebo alguna especialidad local de comida envasada que no esta del
todo mal, esto pinta bien.
Con
la disponibilidad de wifi intercambio algún discreto correo, de
tanteo más que nada, con Marga, así como una emotiva charla en
skype. Veremos que sucede con todo esto...
Miércoles
10.06.15 Cilistov. Esta noche dormiré bajo techo y sin montar la
tienda. Esto supone menos tiempo por la mañana en recoger bártulos
y la aburrida espera a que se sequen para plegar cada cosa. Me sobra el
tiempo pero esa actividad me desespera. Por otro lado me supone
ponerme loción para los mosquitos que evita que me coman pero no su
desagradable sonido. Ninguna de las dos soluciones es perfecta,
simplemente las alterno y listo. Bueno, lo mejor es cuando duermo en
tienda y esta no amanece empapada, pero junto al río eso es una fantasía.
Me
detengo en Cilistov a escasos 20 kilómetros de Bratislava. Dejo esa
distancia para hacerla mañana en un rato y así disfruto del tejado
de un club de piraguas. Con eso dispongo de unas horas por la tarde
que paso entretenido medio charlando con uno del pueblo que me habla
en eslovaco o húngaro, a saber, y al que le respondo en español. La
conversación a buen seguro es surrealista. Otro rato con dos mozas
del pueblo que salen a pasear su perro y el resto de la tarde lo paso
viendo conejos. Gordos, inmensos. Son dos. Cuando me ven la primera
vez salen despavoridos. Aparecen al momento, se acercan más y cuando
se alejan ya no lo hacen en una huida. Aparecen y desaparecen. Son
ruidosos y los veo aproximarse por el movimiento que transmiten a la
alta hierba aún sin segar de la zona que circunda el club de canoas.
Ceno opiparamente. Fruta de postre y un par de galletas con chocolate
para rematar. Me retiro pronto a intentar dormir, se que tendré luz
pasadas las cuatro de la mañana y que desde entonces lo mismo me
costará volver a conciliar el sueño.
Desde
que salí de viaje siempre he tenido algo expuesto a la lluvia. Desde
el principio carecía de prendas adecuadas de protección y mis bolsas
que si lo eran me fueron robadas. Desde entonces he ido poco a poco
solventando el asunto como he podido. Primero un par de bolsas, más
adelante otra, después la chaqueta, el pantalón, calzado que me
aprieta por que no es de mi talla pero que cumple su cometido, etc.
Me encuentro próximo a lograr las alforjas delanteras y con ellas,
toda mi impedimenta y mi persona estará finalmente preparada para
soportar una lluvia sin que nada se moje. Tengo la dirección de una
tienda de Bratislava y mañana puede ser ese gran día.
Casi
me olvido, la población, el pueblo, es algo más parecido a una zona
residencial de la Capital, por su proximidad y por el tipo de casas
que veo. El río cerca y un par de canales hacen del lugar un
conjunto bonito y tranquilo donde la gente dispone de embarcadero
frente a su casa. Pasean a pie, en bici y alguno que otro solo o en
grupos reman en sus canoas. Precioso.
Martes
09.06.15 A 5 kilómetros pasado Komárno, junto al río. Tras meses
manejando hasta un total de 8 monedas diversas regreso con alegría
al euro.
Cambio
y logro buen cambio de moneda casi en la misma frontera, aliviado de deshacerme de los florines y con eso cruzo el puente para plantarme en
Eslovaquia. Si bien esto fue parte de Hungría hasta el final de la
primera guerra mundial y hay pueblos donde se sigue hablando húngaro el cambio es notable. Otra arquitectura, supermercados con un surtido
de artículos más variado y de algún modo siento como que es todo
más luminosos. Ojo que el paisaje húngaro me ha encantado, sin duda
más que el que me voy encontrando junto al río hoy. En cuanto a la
gente no noto diferencia, si es que la hay que seguro tiene que
haberla.
Junto
al río hay un dique y es sobre este por donde pasa la Ruta 6, en
ocasiones con un exceso de información del todo innecesaria para un
poco más adelante encontrarte con una total sequía de indicaciones,
suele ser en los lugares donde esta sería más necesaria, pero las
cosas son así, que le vamos a hacer. Por otro lado imposible
perderte en un camino que va paralelo al río. Si te extraviaras, poco
más adelante el camino sale a tu encuentro. Eso si, se puede llegar a hacer monótono por estas tierras, cuando un dique de 30, 40 o más
kilómetros no tiene otro atractivo que el notar como el río esta
más alto que las tierras que van a tu derecha y que sin el dique
todo eso estaría inundado y el río formaría unas marismas de gran
anchura.
Ya
por los precios, que si bien aquí no son altos, ya dejaron de ser
tan bajos como en Serbia y en parte por Hungría, pero también por que
en las tiendas tengo mucha más oferta de artículos, dejo definitivamente de tomar alguna comida en bares y similares y regreso
con alegría y ahorro a prepararme mis cosas de comer.
Al
ir acampar, pregunto y me indican con gestos las señales de las
crecidas del río, comprendo el riesgo de acercarme mucho al agua
pero desconozco como y cuando se producen esas crecidas. Tan pronto
monto la tienda, en apenas unos minutos el tiempo cambia de golpe.
Fuerte viento arrastra nubes cargadas, truenos y una tromba de agua
intensa. Al abrigo de la tienda voy mirando que esta gotea cuando la
lluvia comienza pero una vez el doble techo esta cubierto por una
lámina de agua, la pendiente del mismo, hace que el agua escurra
hacia el suelo sin entrar en la tienda.
Con
las malditas obsolescencias programadas, deberían ser ilegales y creo
que en Francia las van a sancionar, y con que el material de camping
se fabrica para un uso esporádico y no intensivo y continuo, tengo
que asumir que el material se me deteriora a mayor ritmo de lo que mi economía es capaz de asumir y sustituir. Pronto deberé plantearme
unos ahorros para cambiar mi tienda por otra y me aleja de mi deseado
nuevo catre, mucho más ligero y menos voluminoso que el sarcófago
con el que viajo.
Domingo
y lunes 07 y 08.06.15 De Budapest a Basaharc. Cosas feas. Malas. Que
no tenian que haber sucedido, pero la vida es así y pasan.
No
tengo ganas de escribir sobre ello. Ni quiero tener que recordarlo
más adelante si lo leo. Salgo el lunes de Budapest, solo, en
dirección a Esztergon donde quiero cruzar a Eslovaquia, por el
camino y no lejos de allí, donde una barca cruza el río, me detengo
a acampar. Chaparrón nada más montar la tienda... y poco más.
Sábado 06.06.15 Budapest. Noche infame. A diferencia del otro día con el
jazz, anoche padecí un directo de otro tipo de música y a otro
volumen con el que fué imposible dormir. Mucha más gente también y
más ruidosa que hasta las cinco de la mañana permanecieron en los
bajos del hostel. Salgo de el agradecido para mudarme al que reservó
Marga para los dos. Nada que ver con el que dejo, este es limpio,
tranquilo y relajado. El caso es que apenas si cuesta un par de euros
más por persona y día, pero yo por principio me vengo alojando
siempre en lo más barato que encuentro y así con todo haciendo un
gran esfuerzo.
La
cocina de este hostel es un lujo, por su espacio, equipamiento y por
lo fresca que es, esta bajo tierra, en un semi sótano. En el patio
tenemos mesa de ping pon y dentro billar y futbolín. Lo usaré por
la noche con Marga, por cierto, me da una paliza con el ping pon que
yo me desquito ganándole con el futbolin.
La
esperé en el aeropuerto. Llega cansada y con molestias, veremos como
nos organizamos a partir de hoy para las vacaciones.
Jueves
y viernes 04 y 05. 06.15 Budapest. La ciudad tiene mucho por ver y
mucho bonito. La paseo, la disfruto sentado en un banco del parque o
una terraza, comiendo algo mientras camino o veo la vida pasar. Mucha
gente joven, muy vital, mucho ambiente en sus terrazas ya con estos
calores, mucha bici, de todo tipo y usadas para mil cosas. Me agrada
su ritmo pero como espectador, siento que soy forastero a cada
instante.
En
la mañana vi caer una intensa y corta tormenta con el desayuno, al
rato salio el sol y sin más señal de tormenta en todo el día,
calor, mucho calor. Se nota en los dormitorios que se encuentran en
el último piso y el sol castiga directamente unos tejados más
preparados para la nieve que para el azote veraniego que ya casi
tenemos encima.
El
viernes asisto a un espectáculo. No se la periodicidad del mismo, si
es semanal, mensual, el caso es que se trata del día donde la gente
saca a la calle sus enseres para ser retirados por los servicios de
limpieza, pero entre una cosa y la otra las calles se convierten en
una especie de rastro gratuito. Se rebusca entre esas basuras un
sillón que otro usará, una lámpara, una radio de madera de hace a
saber cuantos años y que será puesta en venta en un mercadillo o
adornará un estante de un bar. A parte de los particulares que
rebuscan en los montones me encuentro con los profesionales. Llegan
pronto a los montones, separan lo que les pueda interesar y sentados
en una silla esperan horas y horas que la furgoneta familiar pase por
el lugar para cargar las mercancías seleccionadas. Los servicios de
recogida tardarán en pasar y hay tiempo.
He
recorrido la zona de Pest y desde allí visto Buda al otro lado del
río, ya lo cruzaré mañana o pasado. Me pasa otro tanto con el
parlamento, su mejor vista es desde el otro lado del río y con este
formando conjunto. Tengo tiempo.
Miércoles
03.06.15 Budapest. Dentro de lo difícil que puede resultar caer en la monotonía cuando cada noches duermes bajo un techo distinto, rodeado
por parajes que siempre se diferencian en algo, gentes diversas, etc.
hay días en especial en los que siento una positiva ansiedad. Son
los días en que cruzo una frontera, entro en una capital o ciudad de
cierta importancia y los días en que espero reunirme con Marga. Hoy
me toca entrar en Budapest.
La
distancia es corta, pero como suele suceder cuando monto la tienda me
he de demorar con el secado de la misma, más cuando el doble techo
ya no cumple del todo su función y anoche sufrí un chaparrón. A
eso se le añade la demora que supone rodar con el denso transito de
entrada de una capital y de sortear los caprichosos caminos que me
veo obligado a tomar sorteando polígonos y evitando los típicos
accesos previstos para la masiva afluencia de vehículos y que suelen
estar prohibidos al uso de las bicicletas. Cuando creo que estoy
dentro de la ciudad pregunto por la dirección del hostel y me entero
que aún me encuentro a unos doce kilómetros del centro y vuelta a
rodar.
Finalmente
llego a la calle. El hostel se encuentra en el barrio judío, en un
edificio ruinoso. Aquí se estilan los pub en ruinas y los bajos del
hostel son precisamente eso. Uno de los de moda. Algo a medio reparar, a medio decorar, a
medio de todo, donde la gente disfruta escuchando música, tomando
copas y pasando la noche hasta altas horas de la madrugada. Las
habitaciones se encuentran sobre el pub que ocupa el patio, una
especie de "corrala" centroeuropea. Sucio, huele mal, pero es barato,
veremos como se presenta la noche. Por lo pronto me puedo duchar y
lavar algo de ropa, la cocina funciona y con todo eso ya me doy por
satisfecho, por el momento.
Tras
visitar un supermercado y ocuparme de la cena, me tomo la tarde con
calma, descansando y charlando con la fauna local del hostel, staff incluido. A la hora de dormir me sorprendo con un trío de jazz que
van versionando mejor que peor temas que conozco y me agradan, la
música lejos de molestar me ayuda a conciliar el sueño. Por el
momento la cosa va bien.
viernes, 5 de junio de 2015
Martes
02.06.15 A 30 km de Budapest. Hoy dormiré en la tienda, no dispongo
de otro techo y confío por otro lado que esto me mantenga algo más
alejado de la plaga de mosquitos. Anoche me costó dormir a causa de
ellos. No me pican con la loción, pero ese sonido amenazante....
Me
he detenido pronto, ya cerca de Budapest, si ruedo un poco más me
meteré en el área metropolitana, cosa que no deseo de ningún modo,
no hasta mañana, donde tengo idea de hacer noche en la ciudad. Ya me
pasó en Bucarest que buscando lugar para hacer noche me metí casi
sin querer entre los edificios y luego es un lío, una complicación
encontrar lugar para hacer noche. Estoy en una isla del Danubio,
grande, con poblaciones dentro de ella y sin salir de la misma me
plantaré en la capital. Entre por un puente, pero la noche la pasaré
frente a un embarcadero donde una barcaza une la isla con el pueblo
de enfrente cada hora.
Hablando
con el barquero, bueno, con ellos, pues la tripulación son tres en
total, me han permitido montar la tienda frente a su casa, sobre
mullida hierba y a la sombra de un gran árbol, ahora me quita calor y
esta noche posiblemente algo de humedad sobre la tienda. Eso si no
llueve, pues antes de terminar la tarde cae un chaparrón corto e
intenso, tras este, el sol de nuevo que por fortuna lo seca todo.
Pude
hablar con Marga, se encuentra mucho mejor, pero se cumplen los
pronósticos más sombríos y no podrá rodar estos próximos días a
consecuencia de unos puntos de la pequeña intervención a la que se sometió. Le falta confirmar en su trabajo, al que irá mañana, si
los días que tenia pedidos siguen en pie y si es así el sábado la
tendré por aquí. A falta de bici haremos más turismo convencional
y paseos por el río, la idea es pasar unos días en camping.
Con
una cerveza de 80 céntimos de euro en la terraza del chiringuito del
embarcadero, donde gente del pueblo cercano vienen a comer pescado,
llega la barcaza y de ella desciende, entre algún coche, un
cicloturista francés. Viene rodando desde España donde embarco a
Cerdeña, Italia, Croacia y ahora desciende el Danubio hacia el Mar
Negro. AL ver mi tienda montada habla con el barquero para montar la
suya. Le niegan el permiso ¿? supongo que son de esas personas que
consideran que dos son multitud. Sigue su marcha aceptando con humor
el resultado de su petición.
Frente
al río disfruto del silencio que interrumpe el golpear de las olas
sobre el muelle cuando alguna embarcación pasa por el río y produce
ondas. El lugar es de ensueño, todo el país me lo esta pareciendo y
me siento muy relajado viajando por el. Noto en falta algún bar, en
ocasiones. El café de la mañana me lo tome de la máquina de una
tienda de tabaco, a falta de mejor lugar en la población que no era
pequeña. La tienda de tabacos parece un comercio clandestino, con
advertencias de no poder acceder a el menores de 18 años, con los
cristales tapados para que no se pueda ver el interior, normas de
antitabaco de aquí, las mismas que impiden fumar en las paradas de autobús al aire libre.
La
casa del barquero parece un parque zoológico. Un caballo, dos asnos,
una cerda inmensa con sus lechones, gallo y gallinas con polluelos,
un par de gansos con los suyos, perros. Son silenciosos, no montan
escándalo. Solo el caballo me llama para que le rasque un poco, lo
hice al poco de llegar, le gusto y me reclama otro poco más de
atención. Le dedico un buen rato con placer, agradecido de tener
algo que hacer y de la compañía agradecida del animal.
Cansado
por lo poco que pude dormir anoche y realmente a salvo de los
mosquitos dentro de mi tienda, decido ponerme a dormir bien temprano,
tan pronto la luz mengua con el ocaso. El último barco que cruza es
a las ocho de la tarde y desde esa hora se vacía el chiringuito. El
lugar aparte de hermoso es relajante, muy tranquilo. Entre dos
viajes, el barquero, atiende su caña de pescar.
Lunes
01.06.15 Al cruzar Francia sentía la libertad de poder dormir casi en
cualquier sitio, si pedía permiso o preguntaba me solían indicar
donde poder hacerlo. Es un país acostumbrado a los cicloturistas y no
todos son de hotel, camping y restaurante. En este mi tercer día por Hungría tengo idéntica sensación. No se como será el resto del país
pero por la zona junto al Danubio es un constante ir y venir de
ciclistas. Yo voy en bici y por lo tanto disfruto de esta situación
para mi comodidad.
Me
ha sorprendido ir a un banco, en Kalocsa, a cambiar moneda esta
mañana y que me enviaran a una agencia de viajes donde lo he podido
hacer. Veré en Budapest si las cosas aquí son así siempre, si
cambian en los bancos o como está la cosa. Ya con moneda he visitado mi primer supermercado, comparado precios, repasar oferta disponible
de productos y demás. Es de una cadena de tiendas que me he ido
encontrando anteriormente por el país, por lo que la información me
es especialmente útil. La excursión para hacer estas tareas me
aleja unos 5 km de la Ruta que retomo de nuevo tras ellas, sigo
sobrado de tiempo y es un modo válido para retrasar mi llegada a la
capital. El día es bueno y la carretera cómoda.
Las
cosas no están nada claras con que Marga pueda aparecer por aquí el
sábado. La he visto, skype, en cama, con dolor y sin aspecto de
mejorar. En caso de poder venir tengo serias dudas que pueda viajar
en bici durante los 10 días que teníamos previstos. Mañana, tan
pronto pueda, volveré a ver en que estado se encuentra.
Comí
en paradas, varias veces y pocas cantidades, lo prefiero, pero la
cena ha sido opípara, como hacía tiempo que no me la permitía,
quedo casi saciado. He de ponerme freno pues podría seguir comiendo
y comiendo por encima de mis necesidades y posibilidades.
Tan
pronto me detengo en una especie de aula al aire libre junto al río,
pero techada, con la intención de hacer noche, me apresuro a sacar
la loción antimosquitos y aplicarla con esmero. Se tiran como locos
y por mucho que me de prisa siempre termino con media docena de
picaduras. El problema es que la sigo guardando en mi bolsa de aseo,
donde paso el invierno y ahora necesita un nuevo lugar para tenerla
siempre más a mano, muy a mano, y ponérmela en un instante, tan
pronto me detenga.
Me
visita el guarda del parque natural, no me pone objeción a hacer
noche aquí, tan solo me advierte, como si no lo supiera ya, que los
mosquitos me darán guerra. Paseando cerca de mi dormitorio veo zonas
inundadas, esos manglares, a escasos 100 metros. El agua cubierta de
insectos. Los escucho, com a las ranas, las serpientes no las oigo,
pero se que están ahí.
jueves, 4 de junio de 2015
Domingo
31.05.15 Fojaz. Paso parte de la tarde con Jozsef, en su bar sin
clientela, la tarde es demasiado hermosa como para encerrarse en este
oscuro local y no dispone de terraza. La gente del pueblo pasea por
los jardines, plazas y calles, casi siempre sus caminatas terminan en
el río. En el, hay alguna instalación, ahora cerrada, para
veraneantes o los caminantes de una ruta de peregrinación húngara
que casi coincide con el trazado de la Ruta 6 a su paso por el país.
Ahora están cerradas. Si bien sus bancos de picnic, barbacoas y demás están ocupadas por gente que disfruta del día festivo.
Me
desperté con lluvia, poca cosa, duró apenas unas horas y ahora hace
un tiempo caluroso. Fastidiado por el agua, por no tener moneda local
con los bancos cerrados, las tiendas, en fin, todo eso. Tan pronto
llego a Baja me propongo lograr algo de moneda. Una cafetería en el
centro me proporciona un café y el cambio restante hasta los 10
euros en florines. Suficientes con las tiendas cerradas por la
festividad.
Una
estación de servicio me ofrece la oportunidad de comprar alguna
cosa, no esta disparada de precio si bien la oferta es muy reducida.
No preciso más por hoy. Mientras recorro su centro, la rivera de un
afluente que pronto se unirá al gran río, su mercadillo, voy
tomando el ritmo de sus gentes y sus precios. A pesar de estar muchas
cosas cerradas los escaparates son útiles para ese fin. El cielo
comienza a abrirse. A la salida de la ciudad me pierdo, o mejor
dicho, pierdo las señales de la Ruta, pocos kilómetros más
adelante las retomo sin problemas.
De
nuevo me subo a esa especie de muro de contención de tierra para
rodar junto al río. En la cafetería pude ver, vía skype, a Marga.
Se encuentra en cama, con dolor, superando una dolencia que por lo
pronto amenaza sus ansiadas vacaciones y podría frustrar nuestros
planes de rodar desde Budapest a Viena por Bratislava. Quedan días
por delante, tiene billete para el día 6. ¡Confianza!, Y son muchos
días para los pocos kilómetros que me separan de la capital, si
bien ayer la Ruta 6 me dio un gran rodeo para llegar a Baja, desde
aquí a Budapest observo en los mapas, que la cantidad de kilómetros
a sumar no serán ya tantos, iré más directo y con menos rodeos, la
carretera y el río ya no van tan distanciadas una de la otra. Con
esta información decido tomarme el día tranquilo, rodar poco y
lento.
Fojaz
me ofrece buena solución para hacer noche y pese a lo temprano de la
hora decido detenerme por hoy. Y para matar el tiempo e interesarme
de nuevo por Marga es por lo que termino en el bar de Jozsef. Me
enseña, y olvido, las primeras palabras en húngaro. No se por donde
pillar este idioma que solo se asemeja a sí mismo. No es de origen
indoeuropeo.
Salimos
a fumar a la puerta, cinco metros manda la ley y la cumplimos
escrupulosamente. Para señalar el punto tiene allí plantado un
cenicero, sobre una mesa. Vamos comentando en los países donde todas
estas normas se aplican con mayor o menor celo. Le hablo de Bulgaria, Serbia o Croacia donde son las relajados, el me habla de los
autobuses checos, en Praga o la ópera, donde se lo saltan todo, de
Viena y de lo exagerado que le parece eso de los cinco metros.
La
tarde la voy consumiendo frente al río, con las familias y parejas
que ocupan las mesas, viendo jugar a los niños. Compré poco en la
gasolinera y ya cuento las horas que me faltan para plantarme en un
supermercado con florines en la cartera y darme un banquete, voy
imaginando el bocadillo que me pienso preparar para almorzar mañana
y siendo esto una zona de vinos me viene el recuerdo, y añoro, los
vasos que me daban en Francia alguna bodega que convertían esos almuerzos en festejos frente al canal. De algún modo lo que
llevo recorrido desde ayer por el río me lo recuerda mucho, salvando
las diferencias de caudal y el tipo de naturaleza que observo. Es el
pedalear junto al agua y sin el trasiego de vehículos.
Sábado
30.05.15 Croacia, Liberland – terra nullius, Serbia y Hungría. La
mañana me cunde y voy cruzando territorios. La Ruta 6 pasa por
Serbia de nuevo a lo largo de 18 km para adentrarse en Hungría.
Pinche
una rueda a primera hora, o fue un reventón, no lo se. No hay
señales ni en el suelo ni en la cubierta de que fue lo que produjo
el pinchazo, simplemente oí un plof y la rueda se vino abajo en un
instante. En la primera estación de servicio termino de ajustar la
presión y repongo dos cámaras. Con la cantidad de ciclistas que
circulan y la ausencia de tiendas, la gasolinera hace su negocio
vendiendo cámaras y tengo la suerte de que así sea.
Liberland
es el resultado de esas zonas no reclamadas por nadie y el
oportunismo de un político checo que tiene muy claro el negocio que
supone un paraíso fiscal. Lo declaró estado en abril y como no lo
atraviesa ninguna carretera creo que soy de los primeros turistas que
ha tenido este país que aún no lo ha reconocido ni el IKEA. Lo
tiene claro el amigo.
Al
entrar en Hungría, la Ruta 6 se transforma de nuevo, no es una
carretera paralela al río a más o menos distancia de este, aquí,
por el momento, es otra cosa distinta. Es una pista asfaltada o no
que va junto, pegada, al río. Es zona de manglares, un muro, con sus
dos taludes, de tierra rematado por un camino separa el río de los
pueblos y cultivos. En caso de crecida el río lo inundaría todo ya
que las tierras son bajas. Por ese camino no está permitido la circulación de vehículos a motor, cosa que se cumple normalmente. Un
lujo para rodar en esas condiciones, por la vista que es elevada y
sobre el río y además sin riesgo de ser atropellado. Los taludes están siendo segados de la hierba y presenta un hermoso aspecto,
cuidado, limpio, añade un toque de intervención humana a lo salvaje
de la vista de los manglares.
Otra
cosa que sucede es que circulando de este modo los kilómetros a
recorrer van a ser muchos, muy por encima de los calculados. El
camino serpentea con cada recodo del río, el sol lo tengo a cada
momento en una parte distinta del cielo sobre mi, cambiando
constantemente de sentido y orientación. No tengo planes hasta el
sábado y tiempo de sobra por lo que acojo con entusiasmo esta nueva
situación. Tenia Baja a 30 kilómetros por la carretera y tras estar
rodando alguna hora por este nuevo camino resulta que me detengo y
sigue estando a 18. Los iremos haciendo sin problemas.
Paso
por una zona donde el río es más angosto, la población del otro
lado se ve cerca, es húngara, el río dejo por el momento de ser
frontera y solo transcurre por Hungría. Detenido en un muelle veo
como una motora alcanza la otra orilla en pocos segundos. Un tejado
hace de parada a la gente que usa el ferry y será mi dormitorio.
Haciendo tiempo saludo a ciclistas que descienden por la Ruta.
Terminado
de cenar y fumando en un banco me veo sorprendido por una excursión
de unos diez fotógrafos de Baja que se dirigen al muelle, las vistas
son hermosas y la luz a estas horas espectacular. Me usan como modelo
durante un buen rato, el sol a mi espalda hace que me pidan que me
mueva a derecha o izquierda según el efecto que cada uno de ellos
espera. Dos de ellos me prometen enviar alguna foto a mi correo.
No
tengo moneda local, florínes húngaros y mañana es domingo. Estoy
harto de tanta moneda, hasta ocho tipos distintos llevo usando estos
meses y cada vez me toca aprender a calcular con ellas el precio de
las cosas con respecto al euro. Me informan los fotógrafos que
mañana tendré dificultad para cambiar moneda en Baja. Pienso buscar
algún lugar donde pueda pagar un café en euros y esperar que me den
el cambio con florínes y ya el lunes buscaré algún banco.
Todas
las noches pasadas junto al río más los días que he rodado cerca
de el he podido ver el trasiego de barcazas que suelen bajar cargados
para subir de vacío. Hoy veo finalmente los primeros cruceros de
pasajeros, más ruidosos y veloces, alegres, bonitos, desaparecen
pronto de mi vista tras una curva tragados por la espesura de las
riveras al ocaso. Una chaqueta para la húmeda noche tras un
sofocante y provechoso día.
Viernes
29.05.15 Desde la mañana dejo de ver el río y rodaré en paralelo
pero alejado de el, ¡con lo bonito que es!
Al
contrario de los países que dejé atrás recientemente por aquí no
voy encontrando lugar para cambiar moneda con facilidad y no es hasta
llegar a Vokuvar cuando final y felizmente me puedo hacer con algo de
dinero, me moría por un café.
A
parte de la torre de agua, esa de los bombardeos, puedo ver a las
afueras alguna, poca, vivienda que presenta en su fachada señales
del conflicto y que no ha sido reparada y un blindado que a modo de
monumento exhiben por aquí.
Me
gusta Osijek, todo muy verde, muy amplio y al final veo un río, lo
cruzo, que no es el Danubio pero hacia el va. Me voy dirigiendo a la
frontera que cruzaré mañana. El Danubio se va desdibujando por la
zona, en amplias marismas que con las crecidas anuales, en
ocasiones, se acercan o alejan a Croacia o Serbia Teniendo ambas sus
límites territoriales en las riveras esto da como resultado islas o
pantanos que no termina de quedar claro de quien son y en ocasiones
ambos o ninguno se disputan. Pero estos territorios si tienen unos
legítimos propietarios que los habitan. Serpientes, ranas y todos
los mosquitos que imaginarte puedas. Unos sirven de alimento a los
otros y yo a los últimos de ellos. Monto la tienda apresuradamente
para refugiarme tras la mosquitera y pasaré la noche con el sonido
del zumbido más intenso que recuerdo y el croar de miles de ranas.
Jueves
28.05.15 Mañana visitaré Vukovar. Tienen allí una torre de agua
donde son visibles los daños que sufrió cuando la ciudad fue bombardeada. El resto se reparó. Viendo a la mujer de mi anfitrión
no puedo estar conforme con eso. Tenia 23 años cuando termino el
conflicto, musulmana, en una tierra católica y con un enemigo
ortodoxo se llevó la peor parte.
Todos
los suyos murieron, todo lo que tenia lo perdió. Perdió el movimiento
de su brazo derecho y la capacidad de construir frases. Tan solo
repite la última palabra que su compañero o yo pronunciamos en
nuestra conversación, como indicando con ello su presencia y que su
desconexión de lo que sucede no es total. Como una niña mira mi
tienda, se ilusiona con mi cocina, toca mi catre y lo mullido de mi
saco, sin dejar su mirada de asombro por todo cuando ve. Todas mis
cosas son juguetes para ella. Su compañero la acogió tras la
guerra. Me lleva a una pradera, frente a la casa de su hermano, entre
ella y el río. Viendo pasar las barcazas le va diciendo de que país
son. Me cuenta que a ella le gusta ver los cruceros fluviales y ya
bien de mañana se baja al río para distraerse a su paso.
De
niño llegue a pensar que las guerras las ganaba uno de los dos
bandos. Luego supe que es imposible que exista un vencedor de una
contienda. El de turno reúne a huérfanos, viudas, desplazados, gente
que perdió a seres queridos y pertenencias, almas mutiladas. Les
anuncia que han ganado. Es la victoria.
Su
hermano, cuida el huerto, me da cebollas tiernas y se disculpa que
los tomates aún no están para comer mientras me recita las
plantillas de la selección española de baloncesto, las de ahora y
las de las finales europeas que disputó contra la potente Yugoslavia
de hace muchos años, Corbaran, San Epifanio, Fernando Martín. Me
dice que el Real Madrid ganó este año la copa de Europa. Si no
puede ganar su país, me dice, le gusta que gane España.
El
sol se pone sobre el río, dentro de la tienda, sobre mi catre,
recibo, agradecido, esos últimos rayos de luz y calor.
Miércoles
27.05.15 Salgo de Belgrado bajo el agua, para cruzar el río
siguiendo la Ruta 6, no el Danubio que lo llevaré a mi derecha, si
no el Sava que se unen aquí en la ciudad. La Ruta 6 a pesar de ser
conocida como la del Danubio estos días pasados la recorrí
paralela pero relativamente apartada de el. Ahora sucede otro tanto.
En ocasiones el río está a cinco o diez kilómetros de distancia y
voy por su valle pero sin su presencia.
Ando
prevenido con el tema de la moneda. Padecí la dificultad de cambiar
la búlgara y me temo que ningún interés han de tener fuera de
Serbia por su moneda. Esto me obliga a ciertos equilibrios, a
cálculos de kilómetros y días y carecer de un colchón para
contingencias en moneda local. Mañana tengo previsto cruzar a
Croacia y viajo con lo justo, o menos.
El
camino de hoy no es feo, pero tampoco aporta nada en especial y no
cruzaré ninguna población que me llame la atención. Día de rodar
bajo el agua y poner distancia, de buscar donde dormir sin plantar la
tienda si es posible y de confiar que mañana sea más seco. Miro la
prensa del día donde dice que hoy no lloverá, eso mientras fuera lo
hace a cántaros. Poca confianza me da cuando anuncia para mañana
otro día nublado pero sin lluvia como el de hoy.
Una
gasolinera a medio hacer, con las obras paradas, cerca pero no dentro
del pueblo y a la distancia de la frontera que deseo y no lo pienso
más, me acomodo en ella dispuesto a pasar mi última noche en
Serbia. Por el momento. Estoy en Beksa.
Sábado
a martes 23 a 26.05.15 Belgrado. Decidido. Si he de tener unos
cuarteles de invierno, los tendré en Belgrado. Para esos intempestivos meses en que desplazarse es un tormento aquí podré encontrar hostel y lo que preciso para pasar el tiempo por poco
precio y de una buena calidad. Tabaco tirado de precio, ¡hay
Karelias!, mis medicinas a menos de la mitad de precio que en España
o Italia, por poner dos ejemplos... En el hostel me han regalado días
de estancia y deciden no cobrarme por el uso de la lavadora. No puedo
pedir más.
Entre
otras muchas cosas veremos el Festival de Eurovisión y comeremos
delicioso rissoto en un restaurante del agrado de Marga y al que
terminamos por ir tres veces.
Viajó
sin su bici y bien, por que no dejó de llover en algún momento
durante esos cuatro días.
![]() |
| Una mansarda en Belgrado, frente al jardín botánico. |
Y
poco más sobre lo que me decida a escribir.
Jueves
y viernes 21 y 22.05.15 Belgrado. Me refugio en la ciudad. Comenzó a
llover y tengo hostel, limpio, céntrico y con buen ambiente,
tranquilo, por 5 € día. Espero a Marga entre descansos, paseos por
la ciudad y visitas al supermercado de donde regreso cargado y me
pongo inmediatamente a preparar y engullir comida.
La
ciudad la encuentro cómoda y agradable. Mi costumbre de comenzar los
días a horas muy tempranas no termina de ser compatible con las de
dormir por las noches de la gente con quienes comparto dormitorio,
por lo que duermo poco. Me tomo tiempo para ponerme al día de
noticias y veo alguna serie, pocas, todo pura distracción. Mis
huesos agradecen la cama, el techo y la ausencia de interminables sesiones de bicicleta. El poder caminar por las calles sin llevarla
de la mano o entretenerme en las tiendas sin el temor de que la tengo
aparcada fuera y expuesta es todo un placer del que disfruto. Y de
las duchas.
Navego
por la red y voy satisfaciendo mi curiosidad de información que
siempre me despierta cada lugar por los que voy pasando.
Me
siento cómodo en Belgrado y tenia mis reservas... me explico. El
tiempo relativiza la violencia, la diluye, o al menos el recuerdo de
la misma. Creo que pocos pueblos, o ninguno se encuentra exento de
algún episodio, más o menos pasado, más o menos vergonzoso o
censurable. Pero del mismo modo que nuestras células se van
renovando y pasado el tiempo ninguna queda de las que fueron, igual
sucede con la gente. De modo que conozco un pueblo, un colectivo
humano que nada o poco tiene que ver, solo la historia, con el que se
mancho en acontecimientos pretéritos. Eso no sucede, aún, aquí.
Veo hombres, desde que pisé el país, que eran jóvenes o adultos
hace 20 años.Inevitablemente me pregunto si combatieron, si
participaron en operaciones de limpieza étnica, si desalojaron a sus
vecinos, violaron a las niñas que compartían aula en la escuela con
sus hijas, si asesinaron a un compañero de trabajo por pertenecer a
un credo distinto y estar en el territorio equivocado. Con la
impunidad de un uniforme y la responsabilidad enajenada al recibir
ordenes.
Lunes,
martes y miércoles 18, 19 y 20.05.15 Hacia Belgrado. Con la cantidad
de horas de luz y la casi ausencia de pendientes en el camino los
kilómetros caen unos tras otro sin sentirlos y voy devorando unas
medias diarias muy altas, para mi.
En
estos días me he encontrado dos espacios muy distintos, mientras
rodaba con el Danubio a mi derecha han sido bosques, desfiladeros
donde un día llegué a cruzar cerca de treinta túneles, todo ello
con vistas espectaculares, de gran belleza. Tras cruzar el río sobre
una barcaza, en Ram, la Ruta 6 se aleja del río, transcurre entre
cultivos y pueblos sosos con lo que mi interés decae.
Si
durante el invierno eramos pocos cicloturistas los que nos
aventuramos a rodar, ahora, por la estación y por el lugar, todo
cambió. Cuando el lunes me he cruzado con mas de veinte de ellos,
dejo de contar. Igualmente, con la afluencia masiva de estos, cambian
los protocolos que ahora suelen limitarse a un cordial saludo o un
golpe de timbre.
Las
poblaciones ribereñas, de la zona donde transcurre por desfiladeros,
van saliendo del letargo invernal y si bien están lejos de la
animación que han de disfrutar durante los meses estivales ya se las
ve agitadas y prontas a recibir turistas y veraneantes.
Dormí
acampado, junto a un camping cerrado y preparándose para la temporada
con pequeñas reparaciones y mantenimientos y otra noche en un
bosquecillo cercano a un pequeño pueblo rural. Quería dormir en
Pancevo, pero me encontré una población industrial que no me agradó
para hacer noche, y desde allí me planté en Belgrado buscando sitio
para pernoctar, en ocasiones sucede, algo así me pasó en Bucarest..
En
Serbia me estoy encontrando con precios muy bajos, bien, pero con
locales y con servicios muy superiores a los que solía encontrar
estos meses pasados en zonas de similares tarifas. Por los pueblos
agrícolas he podido desayunar un café con leche casi decente y una
especie de perrito caliente, frío, un “cool dog” diría yo, por
unos 80 cts. de euro. Aun no he comprado tabaco para liar, ni mirado
sus precios pero los cigarrillos en cajetilla salen por más o menos
1,60 €.
Domingo
17.05.15 En el Parque Nacional de Donji Milanovac. Con el cambio de
hora amanece realmente pronto. Tras salir casi como un ladrón de
casa de mi anfitrión comienzo a rodar en una mañana fresca y con el
cielo cubierto.
El
recorrido es precioso. Cada vez voy entrando entre mayor vegetación
y se convertirá finalmente en un gran bosque. En ambas orillas.
Cruzo Kladovo y al poco de salir tomo la Ruta 6 de nuevo, hasta cerca
de un nuevo paso fronterizo con Rumanía, ayer pase junto a otro.
Hasta Donji no hay más que bosque y a la salida del pueblo un
chiringuito de playa fluvial, canoas y zona donde dejan acampar a los
ciclistas. Perfecto. No recuerdo ahora en que blog de cicloturismo
menciona estos lugares como alternativa para acampar en esta ruta.
Por lo visto en algunos cobran algo menos que en un camping. Este
carece de servicios mínimos pero es gratis y mejor que dormir
clandestinamente en bosques. La ducha funciona con agua fría. Debería disponer del wifi del chiringuito, pero no les funciona.
Llegan
seis ciclistas, con caras serias, cenan pronto, sin apenas hablar
entre ellos, su viaje se me antoja un tormento en esas condiciones y
no me apetece aproximarme a ellos. Van en dirección contraria y tan
pronto terminan su temprana cena salen como llegaron, con sus rostros sombríos.
Dos
meses llevan viajando Mikel, Lisa y su hija Paula, alemanes, acampan
junto a mi tienda y me alegra su presencia ante la perspectiva de no
pasar la noche solo en el paraje cuando cierre el chiringuito. Aparte
del irregular funcionamiento de las duchas, las letrinas carecen de
agua y se limitan a poner una puerta, que cierra regular, a un
agujero ¿triangular? en el suelo. Converso con mis vecinos y de
nuevo intercambio de información salpicado de alguna anécdota. La
playa esta llena de restos de madera que el río va arrastrando y
Mikel prepara una fogata que se agradece, no ya tanto por la
temperatura si no por el otro tipo de calidez que aporta. La puesta
de sol en el río y junto al fuego es un momento mágico. Temo la
aparición de mosquitos que en estas fechas aún no hicieron acto de
presencia. No tardarán.
Mañana
me esperan unos buenos kilómetros sin población, el agua que puedo
encontrar aquí es sospechosa y Mikel me pasa una botella. En el
chiringuito encontré una especialidad local, es una especie de
salchicha rellena de no se que plantas y salsa, para envolverla, en
vez de tripa, usan lonchas de bacon o tocino. Deliciosa. Las cervezas
muy económicas y con ella en la mano se puede entablar conversación
con el camarero y otros clientes que desde el cercano pueblo han
venido a pasar la tarde.
lunes, 18 de mayo de 2015
Sábado
16.05.15. No se donde leí que los búlgaros están entre los pueblos
más depresivos del planeta y encabezan el rankin de los europeos.
Bregovo, la población por la que salgo del país a buen seguro que
es toda ella un monumento viviente ( o moribundo) de dicha patología.
Es sábado, hay mercado, si se le puede llamar así a los tres mustios
puestos que veo, no quiero imaginarme la población en las largas
y oscuras tardes de invierno.
El
día, con todo, es de plomo, pesado y gris. Empleo un rato en deshacerme de la moneda local, la menuda de metal que da problemas de
cambiar por otra en los bancos. Un café con leche, un brazo de
gitano industrial, sabor limón, botella de agua y dos cajetillas de
tabaco marca Melnik para emplear unos 5 € y derecho a la frontera
que se encuentra al final de una de las calles. Dejo atrás la plaza
con alguna escultura y presidida por una con placa donde luce hoz y
martillo. No logro descifrar que dice.
El
trámite de aduana es rápido. La funcionaria serbia mira el
contenido de dos bolsillos de las alforjas y mete su nariz dentro del
tarro de descafeinado. Como a dos kilómetros me cruzo con Kjetil, un trotamundos noruego de viaje desde Alemania a Estambul. Foto.
![]() |
| Me gustan esos retrovisores. |
Ahora
es normal cruzarme con alguno cada día, esta es la Ruta 6, de
Eurovelo, de las más frecuentadas del continente, y las fechas ya
avanzadas.
Imposible
cambiar moneda en el primer pueblo. La siguiente población, Negotin,
tiene tres bancos, están abiertos y he ganado una hora con el cambio
horario. El problema será que no aceptan moneda búlgara y es en
ella en la que cobre mi pensión cuando pasé por Burgas. Llevo
encima 50 €, de Marga, de cuando le cambie algo de euros por mi
moneda rumana, y con eso me estoy salvando. Salvando si no gasto más
de ese dinero en los próximos días. En Serbia cambian euros,
dolares y cuando les interesa, hoy no, francos suizos y libras
esterlinas. Mal asunto no cambiar moneda de tus propios vecinos. Por
mi parte toca apretarme el cinturón.
La
Ruta 6 no está ejecutada a su paso por Rumania, realmente las
primeras señales aparecen pasado Vidin y pronto veo las indicaciones
que he de seguir. Ofrece alguna comodidad, al ciclista, planos en
carteles, señales en cada cruce, áreas de descanso adecuadas para un
picnic, alojamientos que voy viendo aún cerrados. Cuando el camino
va separado de la carretera tienes la tranquilidad de no encontrar
excesivo transito de vehículos. Eso, si un sábado, no les da por
montar una concentración de propietarios de Alfa Romeo, que con la
coartada del idiota, que no es otra que camuflarse entre más
idiotas, se creen con derecho de circular como cretinos poniendo en
peligro a los que por allí pasamos. Un derrape en el que logra
detener el coche a un escaso medio metro de mi persona.
El
recorrido va buscando el camino más próximo al río posible, lo que
supone que he de añadir kilómetros a montones. El tramo desde
Negotin a Donji Milanovac que es de algo menos de 60 kilómetros,
usando la Vía se convierte en unos 146. A cambio de esto recibo
hermosas vistas, caminos menos frecuentados y escasas cuestas. No es
mal negocio.
En
Mihajovac me informan que la Vía esta cortada durante no menos de 7
kilómetros a causa de corrimientos de tierra. Me tomo mi tiempo para
decidir que alternativa uso y mientras vamos conversando en que
camino que une el pueblo nuevo del viejo. Me va contando Joko, que
así se le llaman como diminutivo de Jokovich me dice, que el pueblo
viejo tiene problemas con las crecidas cuando abren la presa que hay
más arriba, en una central eléctrica. Cuando me ofrece dormir en su
casa tardo en aceptar, me gusta poco entrar en casas ajenas, otra
cosa es montar la tienda o usar algún tejado en el exterior. Insiste
hasta hacerme aceptar.
La
tarde la pasaremos en casa de unos amigos suyos, Franz y su esposa.
Ella es del pueblo, el fisioterapeuta vienes, ambos disfrutan de unos
días de vacaciones y usan una casa que tienen alquilada en el
pueblo. Me molesta el modo en que Franz trata a su esposa, como si
fuera un cachorro de perro, le da ordenes señalando con el dedo
mientras la mira con insistencia. Espantoso. Joko nació en Valaquia,
la parte de Rumania que conozco, de padres serbios, creció en Alemania y su amistad les permite que Franz tenga con quien hablar en alemán en el pueblo y compartir afición, beben. Mucho.
Termina
la noche y Joko esta borracho, como Franz, pero es con Joko con quien
he de ir y me gusta muy poco. Se pone muy pesado en su casa
insistiendo con muestras de hospitalidad mal entendidas y he de
ponerme muy serio con el. Dudo si marcharme a pesar de que por las
horas que son tengo complicado cualquier alternativa. Me retiro
finalmente a dormir y el, en el patio, sigue bebiendo, escucha música
y habla en voz elevada, con nadie. Me preocupa que pueda ser
violento. Noche surrealista que doy por terminada con la primera luz
del día en que abro la puerta y salgo aliviado, dejando a Joko en un
sueño etílico. Tomo nota de la experiencia con la confianza de
haber aprendido la lección.
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